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JAZZ

Óleo sobre lienzo y técnica mixta, 150 × 150 cm.
Obra vinculada a la música y al jazz, trabajada en distintas etapas entre 2004-2005 y 2018. El reverso documenta su proceso, técnica, serie y participación en la exposición “Pintando el cielo”, Fundación Comillas, julio-agosto de 2018.

Obra de gran formato perteneciente a la madurez abstracta de José Espurz. Su composición, de fuerte carga cromática y matérica, combina energía, movimiento y profundidad visual. El reverso conserva anotaciones manuscritas del artista que documentan el proceso de trabajo, la relación con la música y su presencia en la exposición “Pintando el cielo” de la Fundación Comillas.

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Pertenece a la etapa madura de José Espurz, en la que la abstracción se convierte en un territorio de libertad, materia y ritmo. La obra despliega una composición intensa, dominada por amarillos, ocres, tierras, rojos profundos y zonas de textura densa, donde la pintura parece moverse como una partitura abierta.

El reverso aporta una información especialmente valiosa: la pieza aparece vinculada a la música y al jazz, con anotaciones que documentan un proceso largo, iniciado hacia 2004-2005, retomado en 2010 y dado por terminado —según la propia inscripción del artista— en 2018. Esta dimensión procesual encaja de forma directa con una idea recurrente en Espurz: el cuadro como algo vivo, trabajado, revisado y transformado con el paso del tiempo.

La obra fue incluida en la exposición “Pintando el cielo”, celebrada en la Fundación Comillas entre julio y agosto de 2018. Por su formato, intensidad cromática y fuerte presencia matérica, puede presentarse como una pieza especialmente representativa de su abstracción musical y de su forma de entender la pintura como oficio, emoción y memoria.

Lectura visual

La obra se construye sobre una atmósfera cálida y envolvente, con predominio de amarillos, ocres y tierras. Sobre esa base aparecen masas más densas de rojos, negros, marrones y azules puntuales, generando una sensación de ritmo interno. La forma no describe una escena concreta, pero sí sugiere movimiento, impulso y resonancia musical.

La materia pictórica tiene un papel central. Hay zonas de acumulación, relieve, veladura y arrastre que refuerzan la lectura de la pintura como superficie viva. En el conjunto se percibe una tensión entre expansión y concentración: una especie de oleaje o espiral que organiza la composición desde la parte inferior izquierda hacia el centro y la derecha.